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El Yom Kipur de Binyamín Netanyahu Imprimir E-Mail
jueves, 14 de noviembre de 2013 a las 18:04

Por Alberto Mazor (*)

Un rumor señala que lo que verdaderamente está paralizando a Binyamín Netanyahu es su miedo latente ante el regreso de Avigdor Liberman. Algunos atribuyen ese temor al pasado político común de ambos, otros lo relacionan con la interacción entre la intimidante personalidad del ministro de Exteriores y la intimidada personalidad del primer ministro. De cualquier manera, el resultado es uno y el mismo: Netanyahu se está convirtiendo progresivamente en el perrito faldero de Liberman. Su comportamiento es el de alguien que fue secuestrado por el partido del canciller y se entregó por completo a sus captores. Una sensación de dependencia está llevando a Bibi a servir sumisamente a Liberman aun cuando éste decida amarrarle las manos y forzarlo a una muerte política humillante.

 

De acuerdo con otro rumor, lo que está paralizando a Bibi es el recuerdo y la lealtad hacia su fallecido padre, Ben Tzion Netanyahu, un crítico historiador, secretario personal de Zeev Jabotinsky e intransigente en sus ideas acerca del «Gran Israel». Netanyahu siempre tuvo grandes dificultades para enfrentarse a las personas más cercanas a él y decirles que decidió renunciar a partes de «nuestra tierra histórica». Esa fidelidad de Bibi hacia su padre lo hace insuficientemente fiel a sus ciudadanos, al Estado y a él mismo.

Un tercer rumor afirma que la causa de tal parálisis en Netanyahu es su completa inmersión en la amenaza iraní. Bibi percibe la bomba atómica chiíta como la cuestión máxima. Él está convencido que surgió desde el vientre de su madre para salvar al pueblo judío y a la civilización occidental del peligro que proviene de Teherán. En el plano intelectual, el mandatario hebreo entiende que existe una relación necesaria entre la capacidad para ganar la lucha en contra de Irán y el deseo de dividir la tierra. En el plano emocional, Netanyahu se niega a reconocerlo.

Bibi no quiere pasar a la historia como el líder israelí que fundó un Estado palestino y dividió Jerusalén; en cambio, quiere ser la persona que derrotó a lo que él ve como el nazismo del siglo XXI. Es por esa razón que suele referirse a todos los eventos como si fueran meras burbujas. Él está seguro de que si sale victorioso contra Irán, los asentamientos, el fracaso de las negociaciones con los palestinos, el cada vez mayor aislamiento de Israel en la comunidad internacional y hasta la crisis en las relaciones con el Gobierno de Estados Unidos serán olvidados.

Hay algo de verdad en cada uno de esos tres rumores. El primer ministro está paralizado a causa de la ideología paterna, de la política de Liberman y de la amenaza nuclear iraní. Pero no es posible hacer una política de la parálisis. Estancamiento no es liderazgo. Netanyahu camina cercado, como diría Jabotinsky, por un muro de hierro. El mandatario israelí ve, oye y entiende, pero actúa como si no pudiera hacerlo. Bibi se está convirtiendo a si mismo de una figura con potencial histórico en otra a quien la historia olvidará.

Dentro de pocos días, las potencias podrían llegar a un acuerdo «muy malo» con Irán. La dirigencia palestina está al borde de abandonar las negociaciones con Israel. Kerry advirtió de una tercera Intifada, y no es el primero en hacerlo. Oriente Medio se encuentra en erupción. Al igual que en 1973, 2013 es un año decisivo, en una dirección u otra, para la paz o la guerra, una gran hazaña o un gran trauma. Así que cuando Netanyahu decide no decidir también está decidiendo. Y está eligiendo la guerra. Está eligiendo una crisis y un colapso. Así como en el bíblico libro del profeta Daniel, puede leerse la escritura en la pared hacia donde Bibi nos va llevando. Dice: «Yom Kipur. El Yom Kipur de Binyamín Netanyahu».

La realidad que Bibi está enfrentando es incomparablemente cruel: Obama y Kerry lo presionan; la dirigencia palestina se comporta hostilmente con él; la comunidad internacional le da la espalda. Al mismo tiempo, Liberman está ocupado pensando en la mejor forma de ocupar su lugar; los miembros de su propio partido, el Likud, reclaman su cabeza en caso de hacer concesiones.

Finalmente, cuando Bibi mira hacia la izquierda y hacia la derecha se da cuenta de que está completamente solo. Nadie entiende realmente la enorme misión que debe enfrentar, y nadie lo está ayudando a lidiar con ella. Mala suerte.

Pero los verdaderos líderes no tienen derecho a quejarse de su amargo destino. Se supone que están hechos para liderar. Si en este momento Netanyahu no actúa como un estadista, habrá de ser aquél que nunca estuvo.

(*) El autor es educador, escritor y periodista. Director del programa educativo-vivencial "Coexistencia" entre poblaciones judías y árabes. Publicó numerosos artículos sobre historia del pueblo judío, análisis político de Oriente Medio, en "Proceso" de México, "La Vanguardia" de España, "Excelsior" de México, "Revista Horizonte" para América Latina, "Paz Agora Br" de Brasil, "Porisrael.org" y otros.

Difusión: israelenlinea.com



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