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Hagamos un trato Imprimir E-Mail
jueves, 16 de enero de 2014 a las 13:33

Por Thomas L. Friedman (*)

Oriente Medio demuestra una vez más que si uno come bien, hace ejercicio con regularidad y no fuma, vivirá lo suficiente para ver todo, incluso el día en que los judíos, que controlan Jerusalén, y los sauditas sunitas, que son custodios de las grandes mezquitas de La Meca y Medina, formarán una alianza en contra de Irán y los protestantes de Estados Unidos; con los hindúes de India y los confucianos de China también apoyando a los norteamericanos, al tiempo que los laicos franceses juegan para todas las partes. Ahora lo he visto todo.

Pero, ¿es todo esto una buena noticia? En cierto nivel, sí. Asistí a la conferencia de seguridad del Golfo en Abu Dabi, que incluyó a oficiales y expertos de todo el mundo árabe-musulmán. En la sesión de apertura, Shimón Peres, presidente de Israel, con el fondo de la bandera azul y blanca, ofreció un mensaje vía satélite desde su oficina en Jerusalén. Bien por los Emiratos Árabes Unidos, el patrocinador de la conferencia, por hacer que eso ocurriera. Ver al mandatarrio israelí hablando ante un público vestido con tocados árabes me recordó los días de Oslo, cuando israelíes y árabes sostenían conferencias de negocios en El Cairo y Ammán.

Sin embargo, esta cooperación entre israelíes y árabes sunitas no se fundamenta en ningún tipo de reconciliación, sino en la tradición tribal de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo; y el enemigo es Irán, que ha estado sentando las bases de manera constante para fabricar un arma nuclear.

Diplomáticos y ministros de Israel así como parlamentarios hebreos han estado influyendo en el Congreso, en tanto funcionarios de Estados del Golfo Pérsico enviaron directamente el mismo mensaje a la Administración Obama: cuánto se oponen al acuerdo que el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, y los cancilleres de Francia, Reino Unido, Rusia, China y Alemania han trazado para intercambiar alivio limitado en sanciones a cambio de que Irán reduzca su programa nuclear.

Nunca había visto a los principales aliados árabes de Israel y Estados Unidos trabajando en mayor concierto para obstaculizar una importante iniciativa de política exterior de un presidente norteamericano en funciones, como tampoco había visto tantos legisladores - demócratas y republicanos - más dispuestos a adoptar el lado de Israel en contra del de su propio líder. Estoy seguro de que ésto viene menos de una cuidadosa consideración de los hechos y más de una creciente tendencia de muchos legisladores estadounidenses a hacer cualquier cosa que los diputados israelíes les pidam a fin de ganarse votos judíos y donaciones de campaña.

Dicho esto, me tiene sin cuidado que el primer ministro israelí, Bibi Netanyahu, y el rey de Arabia Saudita, Abdullah, se pongan furiosos - en estéreo - a causa de este trato propuesto. Le da a Kerry más influencia. El canciller puede decirles a los iraníes: «Miren, nuestros amigos están locos. Además, uno de ellos tiene una gran fuerza aérea. Más vale que cumplan lo pactado».

No, no envidio el escepticismo de Israel y los árabes, pero de todos modos no deberíamos permitirles que saboteen un trato. Si uno no se siente escéptico con respecto a Irán, no está prestando atención. Irán ha mentido y engañado para llegar al precipicio de fabricar una bomba, y sin duras sanciones económicas - sanciones que Obama creó pero en las que Netanyahu y los Estados árabes tuvieron un papel clave para impulsar - no hubiera llegado a la mesa de negociaciones. Entiendo también las inquietudes específicas de los árabes del Golfo, las cuales resumiría como: «A nosotros nos parece que ustedes quieren llegar a un acuerdo y después salir de la región; y dejar atrás un Irán que sólo se volverá económicamente más poderoso, en una época en que ya tiene enorme influencia maligna en Siria, Irak, en Líbano a través de Hezbolá y en Bahréin».

Lo entiendo, pero tampoco creo que nosotros meramente los abandonaríamos. A largo plazo, el trato que Kerry forjó con Irán es bueno para nosotros y nuestros aliados por cuatro razones:

1) A cambio de un alivio muy limitado en sanciones, se prevé que congele todas sus tecnologías para fabricar bombas nucleares, reduzca algunas de ellas y ponga en marcha un régimen sin precedente de inspección intrusiva, al tiempo que se mantengan todas las sanciones clave sobre el petróleo, para que así siga sufriendo considerablemente. De esta manera, Irán no puede «construir una bomba y hablar» al mismo tiempo - de la forma en que Israel construye más asentamientos mientras negocia con los palestinos. Teherán congela y reduce una parte de su programa ahora, mientras nosotros firmamos un trato para levantar sanciones a cambio de que los ayatolás accedan a restricciones que imposibiliten que el país se haga de un arma nuclear.

2) Si bien Netanyahu cree que más sanciones harán que Irán renuncie a cada pieza de su tecnología nuclear, expertos iraníes dicen que eso es muy improbable.

3) Irán ya ha dominado la tecnología para fabricar una bomba - y las encuestas revelan que ello es sumamente popular entre los iraníes. No hay manera de eliminar por completo cada pieza de la tecnología nuclear ya conseguida a menos que allí se borre totalmente cada cerebro.

4) La única seguridad perdurable yace en una transformación interna en Irán, lo cual sólo puede venir con una mayor apertura. El trato de Kerry reducirá el programa nuclear, al tiempo que fortalecerá tendencias más moderadas en la República Islámica. Quizá eso no vaya a ninguna parte, o quizá dé origen a más cambios internos. Esto merece una prueba cuidadosamente armada.

Si Israel destruye este trato encabezado por Estados Unidos, entonces la única opción es la militar. ¿Cuántos estadounidenses o aliados de la OTAN aceptarán que se bombardee Irán después de que Netanyahu haya bloqueado el mejor esfuerzo por intentar una creíble alternativa diplomática? No muchos.
Ello significa que sólo Israel tendrá una opción militar. Si Israel la aprovecha, pudiera causarle un retroceso a Irán, pero también lo liberaría para apresurarse a fabricar una bomba.
¿Está listo Israel para bombardear Irán cada seis meses?

(*) El autor es columnista del The New York Times

Fuente: The New York Times
Traducción:
www.israelenlinea.com

 



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