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La crisis ambiental y el destino de la Pachamama Imprimir E-Mail
miércoles, 05 de febrero de 2014 a las 08:38

Por Carlos Fermín

No existe nada más valioso que el gran corazón de la Pachamama. Por siglos, los pueblos originarios supieron que el amor de una madre era tan grande como los recursos naturales que recibieron en manos de su progenitora. Sus hijos predilectos fueron los mejores centinelas del planeta Tierra. Ellos despertaron el sentido conservacionista en la Humanidad, navegando por lo azul de las cristalinas aguas, sembrando en lo verde de la hierba y respetando lo rojo del fuego. Nuestros ancestros realmente desarrollaron un modus vivendi sostenible y sustentable para todos. La calidad de vida y la sensación de plenitud no se alcanzaban mediante cuentas bancarias y el apego a lo material, sino aprendiendo a caminar descalzos por lo orgánico de sus tierras, aprovechando el don de la Naturaleza para vestir, alimentar y curar el alma de sus discípulos.

 

Nunca abusando de la nobleza biológica del Medio Ambiente, y siempre enalteciendo el legado de lucha, lealtad y libertad de sus pueblos. Para los indígenas, la conquista de un fin común era más importante que llenar el ego personal. No obstante, el espíritu ecológico de sus dogmas, viene siendo destruido a mansalva por la mente corporativa de las nuevas generaciones de Seres Humanos.

Actualmente, la crisis ambiental global se refleja por la unificación de 5 factores, que demuestran toda la barbarie en contra de los pueblos indígenas. El primer factor, se basa en la gran Indiferencia que mueve los cimientos de la Sociedad Moderna. Es un combate desigual, lleno de injusticia y amargas experiencias, que jamás valora el sacrificio encarnado por las etnias originarias, para preservar los sagrados recursos de la Naturaleza. El Mundo no se cansa de ignorarlos, maltratarlos, y despojarlos de las tierras que por derecho universal les pertenecen. Aunque el tiempo se agota, la reflexión nunca aflora en el discernir de los hombres y las mujeres, quienes prefieren seguir atiborrando las tiendas de los centros comerciales, descargando las exclusivas aplicaciones para el androide y bebiendo gasolina embotellada con hielo.

Mientras tú derrochas la energía eléctrica, al dejar encendida la computadora durante todo el día, los indígenas aprovechan la luz del Sol para bailar el Sebucán en compañía de sus seres queridos. Cuando tú malgastas litros de agua potable, lavando los asientos acolchados del automóvil, ellos recorren la inmensidad de los ríos a través de sus hermosas canoas. Cada vez que tú despilfarras miles de hojas de papel, imprimiendo todos los documentos que encuentras en la Web, ellos siembran árboles frutales y disfrutan del maravilloso atardecer. Vemos que los pueblos indígenas no pagan una fortuna por el recibo eléctrico mensual, tampoco se enloquecen por el infernal tráfico citadino, ni se la pasan comprando cartuchos de tinta para recargar la impresora. Lo paradójico, es que en sus vidas hay mucha más alegría que en la nuestra.

El segundo factor es la Transculturación, el flagelo omnipresente de los pueblos latinoamericanos, que convierte la idiosincrasia de una población en una película hollywoodense de ciencia ficción. La historia es protagonizada por el híper-consumismo, la televisión basura y los antivalores del siglo XXI. Todos los días la mentira gana más clientes, fanáticos y patrocinantes que siguen elevando los niveles de audiencia. Se crean estereotipos de vida totalmente alejados de la ética y la moral ciudadana, que inciden con negatividad en la salud mental de los habitantes. El voraz proceso de transculturación, ignora por completo el acervo cultural de los pueblos indígenas. Así, se perjudica el sentido de pertenencia de la colectividad, que no tiene la voluntad para inculcar la educación ambiental, el civismo y la tolerancia.

En paralelo, las personas que habitan la selva de concreto, no saben que sus hermanos indígenas, son quienes propician las condiciones ambientales idóneas para que ellos construyan y vivan con normalidad en áreas urbanas. Los ciudadanos de las metrópolis, desconocen el esfuerzo que hacen las tribus nativas desde sus zonas rurales, para preservar toda la riqueza que aguardan esos espacios naturales, los cuales se consideran pulmones vegetales y respiraderos de gran valía para mantener el equilibrio ecológico de las ciudades que albergamos. Son en esas tierras ordinarias y olvidadas por todos, donde se salvaguardan los tesoros de la Pachamama y se custodia la gran biodiversidad del Mundo.

El tercer factor, se aprecia en la Desinformación conllevada por los medios privados de difusión social, que operan como los clásicos lacayos del Imperio, siempre prestos a tergiversar las noticias para cumplir a cabalidad con el plan etnocida de sus dueños. Es exagerada la disparidad que existe entre los emisores y receptores del mensaje. Por cada 3 medios comunitarios que se atreven a investigar y denunciar el irreparable daño ambiental provocado por las transnacionales que irrumpen los suelos indígenas, aparecen más de 300 medios capitalistas que repiten el verbo del Tío Sam, y justifican la destrucción de los hábitats a cambio de recibir dinero ensangrentado.

En su mayoría, los medios privados que se sintonizan en América Latina van traicionando sus raíces culturales y engañando a la colectividad. Se venden al mejor postor. La máquina periodística crea matrices de opinión falsas, para que los lectores, radioescuchas y televidentes sigan con la venda en los ojos, y nunca se decidan a defender la territorialidad de los pueblos indígenas y a estimar los recursos de la Naturaleza. Recordemos que las agencias informativas extranjeras, tienden a referirse de forma peyorativa a las etnias. Además, manipulan a la gente mediante un bombardeo publicitario que los esclaviza a seguir presos en las garras de la frivolidad.

Por el contrario, los medios comunitarios ejercen un rol clave en la protección ambiental de nuestros territorios, pues trabajan como servidores públicos que se adentran en la realidad de los pueblos, con el fin de informar oportunamente los agravios ecológicos que allí se perciben. La comunicación alternativa permite la interacción del trinomio Hombre-Medio-Sociedad, lo que coadyuva a establecer un marco de responsabilidad con el entorno. Es vital el apoyo filantrópico de las personas, para lograr un monitoreo constante en sus comunidades. El cuarto factor, se evidencia con la Pasividad de los gobiernos en crear políticas ambientales que lleguen hasta las zonas rurales y fronterizas donde se encuentran ubicados los pueblos indígenas. Cuando se acercan los procesos electorales internos de cada país, siempre los aviones son capaces de aterrizar en esas regiones, prometiendo que sus tierras serán respetadas y protegidas de los latifundistas. Pero después del ansioso domingo de votaciones, jamás regresan a pagar sus deudas, con la arcaica excusa de que no existen vías de acceso para visitar esos lugares. Es así, como la falta de mecanismos legales que verdaderamente protejan sus comarcas, posibilita la entrada de proyectos mineros, ganaderos y deportivos que destruyen los territorios.

Se privatiza la soberanía de los pueblos indígenas para no perjudicar el desarrollo urbanístico del resto de la ciudadanía, que paga con puntualidad los impuestos y merece que la retroexcavadora siga afianzando el ecocidio. También se observa el abuso de poder por parte de funcionarios públicos, como parlamentarios, congresistas y notarios, quienes con facilidad obtienen la firma y el sello que legaliza el despojo de las tierras pertenecientes a los indígenas. Lo más triste, es que las pocas veces que los organismos estatales reclaman los daños ambientales causados en los suelos aborígenes, es tan sólo parte del gran show mediático de los gobiernos de turno, para fingir interés patriótico y atrapar más votos de cara a los próximos comicios.

El quinto factor, lo desencadena el maremoto de la Industrialización, que desde hace décadas envenenó al alma de Gaia. Los indígenas nunca pensaron que sus fértiles sembradíos se convertirían en cultivos de maíz transgénico, que el aire purificado de sus tierras se ahogaría en emisiones de dióxido de carbono, y que sus milenarios árboles se transformarían en grandes cajeros automáticos. Nuestras comunidades indígenas están sufriendo un calvario. Ellos lo único que piden es que los dejen vivir en paz dentro de sus tierras, junto a sus familias, creencias y costumbres. Pero en un Mundo robotizado por culpa de la revolución tecnológica, es una utopía creer que la justicia ciega garantizará que sus feudos no serán devastados por el orbe.

Recientemente, hemos presenciado atropellos ambientales que transgreden la territorialidad de los indígenas. Vemos que en América Latina, la obtención de madera, la extracción de minerales y la recreación deportiva, se encargan de vulnerar los derechos humanos de los pueblos originarios. Por ejemplo, la etnia Mayangna viene denunciando la atroz deforestación que se observa en Bosawás (Nicaragua), en la que más de 2000 campesinos se aliaron con las empresas madereras para apoderarse de las tierras, y despojar a los indígenas de sus ancestrales bosques. La invasión de colonos en Bosawás fue confirmada por la Unesco en enero del 2014, que denunció la indulgencia gubernamental en permitir que se sigan degradando los suelos por la expansión de la frontera agrícola. De seguir la tendencia negativa en la mayor reserva de biósfera de Centroamérica, se teme que Bosawás desaparezca de la geografía nicaragüense en apenas 10 años.

Siguiendo con el tema de la deforestación en regiones sagradas, conocimos que comunidades indígenas de Tava´i en Paraguay, han visto cómo sus montes caazapeños están desapareciendo, debido a que las mafias traficantes de madera no dudan en imbuirse dentro de los pueblos indígenas, a diferencia de los organismos judiciales que nunca proceden penalmente en contra de los criminales. Por esa razón, los indígenas del pueblo Ayoreo quienes habitan el bosque del Chaco Paraguayo, resienten el bestial desmonte de sus tierras para incrementar las actividades ganaderas En Brasil, la etnia Tupinambá en el estado de Bahía, alertó la tala masiva del mangle que se ubica dentro de su reserva, para la ampliación de un complejo hotelero circundante a sus territorios. En Argentina, la comunidad indígena Solco Yampa denunció la tala ilegal de cedros, cebiles y tipas en sus tierras, lo que ocasionó un trastoque a los ecosistemas, que se paga con caóticas inundaciones en épocas de lluvia.

Por desgracia, la explotación de minerales es uno de los acérrimos enemigos de la cultura indígena. En Colombia, la producción de ferroníquel en la mina Cerro-Matoso, lleva años contaminando el ambiente del departamento de Córdoba y perjudicando a los indígenas Zenúes, que ven como las actividades extractivas destruyen las tierras donde ellos habitan. En Perú, más de 20 comunidades Kichwas que se ubican cerca del río Napo, padecieron las consecuencias de los 10 mil barriles de crudo que fueron derramados en el 2013. Aunque el vertido se produjo en Ecuador, el petróleo atravesó la frontera con Perú, dejando una gran mancha tóxica de aceite que afectó las condiciones de vida para los pueblos indígenas. Ambos países han permitido que los hidrocarburos pongan en riesgo áreas naturales protegidas, como la Reserva Pacaya Samiria, el Parque Nacional Yasuní y la Reserva Faunística Cuyabeno.

En la actualidad, la ampliación del proyecto de gas de Camisea, fue una sentencia de muerte para los pueblos indígenas aislados y no contactados del Perú, que vieron como sus derechos humanos fueron cercenados. En la selva del departamento de Cusco, se está cometiendo un ecocidio en el que pagan justos por pecadores, debido a la arbitrariedad del gobierno para permitir la explotación de gas natural a costa de la vida de las comunidades originarias. Ya es consabido el impacto ambiental negativo que destruirá la Reserva Territorial Kugapakori, Nahua y Nanti, gracias a las máquinas industriales que pronostican un trágico genocidio.

Pese a ello, todos conocimos en Chile a la etnia Diaguita en Valle del Huasco, que con valentía supo denunciar el daño ambiental del proyecto Pascua Lama, ante la amenaza de enturbiar los ríos y glaciares. En México, los indígenas Huicholes piden respeto por Wirikuta, que abarca 140 mil hectáreas de una belleza natural incomparable, pero que a causa de los megaproyectos extractivos de minerales, se viene ocasionando un grave deterioro ecológico en sus espacios. La aniquilación de ese venerable lugar, arremete contra el patrimonio cultural de la nación azteca. Recordemos que en Honduras mataron a tres indígenas de la etnia Tolupán en el 2013, mientras se encontraban en una protesta de calle que buscaba evitar la tala de árboles en la Montaña de la Flor, donde se pretendía realizar explotación minera.

A medida que se destruyen los entornos de las tribus indígenas, va creciendo la impunidad ambiental que convierte a la Naturaleza en una fuente de entretenimiento. Por ejemplo, los indígenas pemones que habitan y preservan la majestuosidad de la Gran Sabana en Venezuela, han tenido que lidiar con irracionales eventos automotores que devoran los suelos, contaminan las aguas y menoscaban el modo de vida de las etnias. En el 2011, las carreras “Fun Race 4x4”, pisaron a fondo el acelerador de sus máquinas veloces para destruir los ecosistemas y ganar la carrera del ecocidio. La devastadora imagen en la región venezolana todavía es visible y recordada por los pemones.

Cabe destacar, que en los últimos años el evento deportivo Rally Dakar, ha puesto en riesgo el patrimonio arqueológico de países como Argentina, Chile, Perú y Bolivia. El interés económico y turístico que representa ese espectáculo para los bolsillos de los gobiernos, demuestra el camino equivocado que transita la Humanidad. En enero del 2014, representantes del pueblo indígena Kolla fueron atacados físicamente, al expresar su desacuerdo por no haber sido consultados sobre el paso del Dakar en sus territorios.

Entre golpes y heridas de sangre a cargo de los cuerpos policiales de la provincia de Jujuy, se irrespetó la vida de niños, mujeres, abuelos y hasta de un sacerdote que protestaba de forma pacífica. Ya terminó la furia del Rally. La competencia deportiva fue un éxito y todos esperan la edición del 2015. Pero, creemos que es importante cotejar la experiencia del Dakar con los 5 factores socio-ambientales descritos a lo largo del artículo.

Se demostró la Indiferencia de la gente, que no defendió masivamente al pueblo Kolla por el maltrato que recibieron de las autoridades locales. La falta de sentido común es promovida por la Transculturación, que te hace creer que el Dakar es lo máximo, porque es un evento de talla internacional con automóviles y motocicletas de lujo, que lo convierten en un una increíble experiencia visual. Luego aparece la Desinformación, ya que los medios privados sólo quieren que enciendas el televisor para ver el Rally las 24 horas del día, y no les conviene que te informes sobre los atropellos a la dignidad humana que fomenta ese show deportivo. Después llega la Pasividad de los gobiernos, que por plata son capaces de apalear y matar a su misma raza étnica. Y al final, todo el circo es consecuencia de la Industrialización, que es el motor principal para que el Dakar deslumbre con las campañas de marketing, el ensamblaje mecánico y los premios metálicos.

Observamos que en América Latina se están violando con mayor crudeza los derechos humanos de los pueblos indígenas, al no existir un marco legal que realmente garantice el respeto por los territorios donde ellos habitan. Sus entornos naturales son invadidos y saqueados a diario por la inacción judicial de los organismos públicos, que no castigan a tiempo el crimen ecológico. De hecho, las autoridades ambientales de cada país latinoamericano, vienen asumiendo un rol conspirativo al tramitar la licencia para que las transnacionales se decidan a invertir en la geografía de sus naciones, sin importarles la vida y el destino de los indígenas que allí viven.

Cuando se explotan con vileza los recursos naturales, se crea un irreparable daño ambiental que afecta a toda la ciudadanía. Debemos rescatar el espíritu de lucha y la enseñanza conservacionista que nos inculcan los pueblos originarios, para reorientar nuestra relación con el Medio Ambiente. Ya es hora de mirarnos frente al espejo, y empezar a dar señales de empatía y solidaridad con quienes predican el amor por la Pachamama.

Fuente: Ecoportal.net



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