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La carta que Pérez Esquivel no escribió por la paz Imprimir E-Mail
domingo, 21 de septiembre de 2014 a las 09:15

Por Guillermo Lipis (*)

 

Junio del 2006, una Jerusalén que ardía de calor y yo me dirigía a entrevistar a Itzjak Frankenthal para el suplemento «Enfoques» del diario «La Nación». Ese diálogo marcó un antes y un después en mi comprensión del conflicto entre israelíes y palestinos.Pero la historia no terminó allí sino que llegó hasta hoy a través de un hilo invisible que une a Itzjak con el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, quien decidió no cumplir con un pedido a favor de la paz en Oriente Medio. Ocho años y miles de muertos después de aquella oportunidad perdida, es hora de dejar testimonio de una historia que hasta ahora permaneció oculta.

 

 

Conocía la historia de Itzjak y de su hijo Arik, quien fue asesinado por miembros de Hamás casi en la puerta del cuartel del que acababa de salir, en julio de 1994, cuando quería retornar a dedo a la ciudad.

Probablemente cierta ingenuidad y confianza, en este joven de entonces 19 años, no le permitieron intuir que esos religiosos ortodoxos que lo levantaron, en realidad, eran miembros de Hamás.

Arik se sentó en la segunda línea de asientos del utilitario que lo levantó, y no previó que de la tercera fila saldría otro integrante de esta brigada de la muerte que lo asesinaría ahí, en seco, brutalmente.

La historia podría haber pasado desapercibida a los dos o tres días, como otro atentado de Hamás, de no haber sido por la decisión de Itzjak, un padre creyente en Dios, un religioso a quien bien podría confundirse con un ocupante de territorios reclamados por el pueblo palestino.

Sin embargo, este enorme y corpachón descendiente de judíos alemanes se vio iluminado por una acción casi imprevisible para la época: en lugar de salir a gritar y reclamar venganza por la muerte de su amado hijo, a su memoria decidió crear una fundación de familiares de víctimas del conflicto en Oriente Medio, entre israelíes y palestinos.

Ya en ese verano jerosolimitano de 2006, Frankenthal no tenía ninguna ilusión sobre la dirigencia de Hamás, que hacía poco había ganado las elecciones en la Autoridad Palestina.

«El triunfo de Hamás lleva a Israel una oscura influencia, un partido con fuerzas militares recibiendo órdenes de sus cuarteles centrales en Siria e Irán. Si Hamás no lleva a cabo rápidamente cambios, israelíes y palestinos pagarán un precio muy alto», avizoró entonces.

Nada me sorprendió hasta ahí, salvo una cosa: Frankenthal hablaba sin odio de Hamás, la organización que asesinó a su «querido hijo, Arik, mi propia carne y sangre. Mi hijo alto de ojos azules y cabello dorado, que siempre sonrió con la inocencia de un niño y la comprensión de un adulto», supo describirlo imbuido en una acongojada valentía que nunca lo llevó al odio.

Al contrario: «nunca quise ser otro padre desconsolado que perdió a un niño sólo para apoyar las mismas políticas y condiciones que llevaron a su muerte. No lo haré», me dijo entonces.

Itzjak - un hombre de negocios exitoso - liquidó su empresa y usó el dinero para establecer una organización de padres desconsolados - israelíes y palestinos dedicada a la reconciliación entre los dos pueblos.

Frankenthal patrocinó centenares de eventos en Israel, Gaza, y Cisjordania; en escuelas e instituciones que quisieran escucharlo hablar con el corazón en la mano y su inseparable kipá puesta sobre lo más encumbrado de su infatigable cuerpo.

Frankenthal recordó que «algunos de estos tipos gritaban con mucho enojo porque no tenían la oportunidad de expresar sus sentimientos a un israelí. Pero el enojo es tan cercano al daño y el dolor tan intolerable que a menudo gritaban hasta colapsar en lágrimas».

Le pregunté si tuvo miedo en Gaza, Jenín o dondequiera que haya estado.

«¿Que es lo peor que pueden hacerme? ¿Matarme, y qué? Yo ya perdí a mi hijo», me dijo.

Lloramos unos minutos juntos mientras hablábamos del conflicto y de la intolerancia de ambos lados. Itzjak me contaba, con sus lágrimas a punto de explotar, que en su sinagoga - desde que había empezado a buscar encontrarse con familias palestinas - no le daban «minián» (el número mínimo de 10 personas necesarias para orar) para rezar por el alma de su querido Arik.

«Mis amigos me dan la espalda, pero yo sigo igual empeñado en buscar caminos de paz porque sé que Arik también lo hubiera hecho».

Su caso y su decisión llegaron a conmocionar a la sociedad israelí a tal punto que el entonces premier Itzjak Rabín le pidió que lo asesorase en temas de paz. Frankenthal aceptó y estuvo cerca de él hasta el día de su asesinato.

Casi dos horas después nos despedirnos en la puerta de su casa, donde por sorpresa me dijo: «Tengo una idea, un plan, y quiero contárselo a Pérez Esquivel. Si me consigués una entrevista con él, viajo a Buenos Aires».

No lo creí imposible, me comprometí a hacer las gestiones y quedamos en contacto.

Costó. En ese momento, sin evaluar los motivos de tantas gestiones, casi cuatro meses después le avisé que para noviembre, Pérez Esquivel nos recibiría en su oficina del SERPAJ, la sede del Servicio de Paz y Justicia, en la ciudad de Buenos Aires.

Itzjak llegó a Argentina entusiasmado con la reunión. Me contó que lo había visto en Oslo en algunas oportunidades, cuando acompañaba a Rabín a las reuniones en las que se elegía a los siguientes premios Nobel de la Paz.

Nuestra delegación estaba compuesta por Itzjak, un fotógrafo, quien escribe y un rabino conservador que prefiere mantenerse aún con perfil bajo. Nos sentamos en la mesa redonda dispuesta en la oficina de Pérez Esquivel. Itzjak, como siempre, con calma y una hondura que cala el alma más dura volvió a contarle a Pérez Esquivel la historia de Arik y cómo, él, decidió recoger el guante del compromiso con la paz.

«Arik nació dentro de una democracia con una oportunidad para una vida decente. Amó su vida y creyó que teníamos que lograr la paz con los palestinos o no sobreviviríamos. El asesino de Arik nació en una ocupación espantosa. Es muy posible - agregó - que si Arik hubiera nacido en el lugar de sus asesinos, podría haber terminado haciendo lo mismo. Si no logramos entender a los palestinos no lograremos la paz con ellos. Sólo terrorismo y más guerra», dijo.

Pérez Esquivel estuvo atento, escuchó en silencio, hasta que preguntó: «Viniste de lejos hasta aquí. ¿Qué quieres de mí?»

«Tengo un plan», respondió Frankental. «Quiero convocar a todos los premios Nobel de la Paz a que se paren, juntos, en la frontera, en una línea que hoy separa los territorios de Israel y ninguno se mueva de allí hasta que haya éxito en las negociaciones de paz».

Pérez Esquivel lo siguió escuchando en silencio.

«Quiero pedir tu involucramiento en esta idea, que puedas participar de este proyecto y que escribas una carta de recomendación de este plan para que yo pueda seguir visitando, con ella en la mano, a otros premios Nobel en todo el mundo», añadio Itzjak. El ambiente se distendió un poco, Pérez Esquivel quedó en contestar por sí o por no; se sacaron una foto como prueba histórica de ese encuentro y nos fuimos.

Escribo estas líneas un 28 de agosto de 2014, y Frankenthal nunca recibió esa carta luego de ocho años y dos guerras después.

Pérez Esquivel tuvo tiempo más que suficiente para responder a Frankenthal y jugar - con esa carta - tal vez un destino distinto para Oriente Medio o la vida de más israelíes y palestinos muertos a manos de la sinrazón de la violencia.

Sin embargo, sí pudo adherir ahora a la carta de 60 Premios Nobel y 203 eurodiputados que solicitaron «poner fin al bloqueo de Gaza, a todas las matanzas, y permitir a Gaza abrirse al mundo, de tal forma que se asegure la posibilidad de una economía viable», mientras que los palestinos «deben poner fin a todo ataque de cohetes sobre Israel y los israelíes».

Pérez Esquivel tuvo la oportunidad de ser vanguardia, tomar la primera iniciativa en noviembre de 2006, liderar el proyecto de Frankenthal y hasta, tal vez, salvar vidas a ambos lados de la llamada Línea Verde.

La iniciativa de los Premios Nobel de la Paz, los europarlamentarios y Pérez Esquivel en particular llegó varios miles de vidas tarde.

En estos días de guerra en Oriente Medio quise recontactar con Itzjak, pero está dada de baja la web de su fundación, su mail ya no funciona y su teléfono parece que ya no es el mismo. Sólo espero que entre la desilusión provocada por Pérez Esquivel y esta nueva confrontación contra Hamás, Frankenthal no haya perdido su esperanza de un mundo mejor para todos y pueda seguir rezando por el descanso eterno, y en paz, de Arik.

 

(*) El autor es periodista recibido en Escuela Superior de Periodismo. Trabajó en El Porteño, Nueva Sión, Página/12 y La Nación (notas sobre el conflicto de Medio Oriente desde Israel).
Fue Director Comunicaciones en la Universidad Bar Ilán; la Federación Argentina de Voleibol. Fue asesor de la Oficina Anticorrupción para el “Proyecto Provincias" de la Dirección de Planificación de Políticas de Transparencia, reorganizó la Oficina de Comunicaciones de la Superintendencia de Servicios de Salud de la Nación.
En investigación periodística publicó ‘Zikarón-Memoria. Judíos y militares bajo el terror del Plan Cóndor”, auspiciado por AMIA, la Asociación de Familiares de Desaparecidos Judíos y declarado de interés por la Secretaría de Cultura de la Nación.

Fuente: Israel en Línea.org

 



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