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Columna Verde
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Columna Verde
Austeridad o crecimiento, sin solución a los problemas de Europa

Por Juan Torres López

Aunque la crisis se desencadenó en su superficie por la desregulación financiera y por las estafas continuadas que cientos de bancos llevaron a cabo con la anuencia de las autoridades, sus causas profundas (las que la hicieron sistémica) y las que volverán a provocarla de nuevo si no se resuelven, son otras: la gran desigualdad que deriva rentas sin cesar a la especulación financiera, la utilización intensiva y despilfarradora de recursos naturales y energía que rompe la armonía básica y los equilibrios imprescindibles entre la sociedad y la naturaleza, y una progresiva degeneración del trabajo que empobrece a la población y al tejido empresarial y que frena la innovación y el incremento de la productividad.



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Las Noticias del Día
Por una alimentación responsable: revisando nuestra relación con la tierra Imprimir E-Mail
sábado, 14 de marzo de 2009 a las 10:17

El mercado agroalimentario es un mercado globalizado, oligopólico y a la vez intervenido políticamente, y por mucho que se piense en nada más que en comer cuando entramos en el supermercado a hacer la compra, la realidad es que está realizando un acto que condiciona la salud, el medio ambiente y la vida de muchísimas personas y grupos humanos, porque está participando en un sistema que organiza y ordena todo maximizando y privatizando los beneficios en muy pocas manos, y a la vez socializando los gastos y sufrimientos. Cuando compramos comida estamos determinando no sólo un modelo de consumo sino también de distribución y de producción, y por tanto marcando las condiciones de trabajo y de vida de las personas que trabajan la tierra y producen los alimentos. Según los defensores de la agricultura industrial, la intensificación de los insumos agrícolas (químicos y de energía fósil) es necesaria para alimentar a una población mundial siempre creciente, ya que permiten incrementar la productividad agrícola. Pero si definimos la productividad como la relación entre la producción y la cantidad de recursos utilizados para obtenerla (trabajo, agua, materia orgánica, insumos industriales, etc.), podremos fácilmente deducir que la productividad, medida en estos términos, de la agricultura industrial, es cada vez menor.

Dice un refrán popular que “de lo que se come, se cría”, y podríamos definir la situación en que vivimos como de alienación alimentaria. Esta alienación no tiene un sentido sólo económico, aunque también, y comienza por la situación que vive el pequeño o mediano agricultor, que no controla los medios de producción (tanto si es propietario como si es obrero agrícola) y posee sólo su fuerza de trabajo. Hoy el productor agrario tiene cada vez menos control sobre sus medios de producción, como podemos observar en el siguiente cuadro:

MEDIOS DE PRODUCCIÓN CONVENCIONALES

EJEMPLOS DE PÉRDIDA DE CONTROL

 

TIERRA

Ordenación del territorio en función de intereses del desarrollismo urbano y la especulación

AGUA

Contaminación, agotamiento de recursos

SEMILLAS

Pérdida de recursos fitogenéticos campesinos e imposición de la tecnología genética de las transnacionales

FERTILIZANTES Y FITOSANITARIOS

Desaparición de técnicas ecológicas (ganadería campesina) e imposición de tecnologías industriales oligopólicas

MAQUINARIA

Supresión máxima del factor humano en función de maximizar productividad, inversión intensiva en capital y dependencia financiera

COMBUSTIBLES

Dependencia de los aportes de energía externas a los agrosistemas controladas por oligopolios transnacionales

Así las cosas, y con el publicitado objetivo de acabar con el hambre en el mundo, la política promovida por la Revolución Verde e impulsada por las principales agencias internacionales de desarrollo, puso en marcha una serie de paquetes tecnológicos agrícolas basados en la intensificación a ultranza de la producción. Para ello se diseñaron variedades agrícolas de alto rendimiento y sistemas de producción altamente dependientes de insumos tecnológicos e industriales y el Primer Mundo se convirtió en el planificador de las producciones del Tercero, siempre en función de las expectativas de ganancia de sus empresas, y no en base a garantizar la soberanía alimentaria de las poblaciones.

Y aquí encontramos otra forma más de alienación, la de la desconexión de la naturaleza y sus procesos y la de la pretensión de que la vida y la existencia humana pueden desarrollarse independientemente del medio físico que la sustenta. En este sentido, el sistema capitalista, y en este caso concreto el capitalismo agrario, se basa en una falacia original, según la cual los medios de producción no se remuneran en base a criterios homogéneos, y en concreto, los recursos naturales no tienen más coste asignado que el de los procesos industriales de extracción y obtención de los mismos.

La naturaleza es tratada por tanto como un saco sin fondo del que podemos extraer recursos y en el que podemos depositar residuos, a voluntad, en función de las necesidades que plantee el proceso productivo, que en gran parte de los casos poco tienen que ver con las verdaderas necesidades humanas.

En este sentido ha llegado la hora de revisar nuestra relación con el entorno y la integración humana en el medio natural. Lejos de mejorar el nivel de satisfacción y el bienestar de la especie, el incremento del consumo se está viendo no sólo que produce alienación económica y social, sino que está en el seno de gran parte de los problemas ambientales, culturales y espirituales de los habitantes del planeta.

¿Y en qué sentido debería entonces avanzar la relación del ser humano con el entorno?. Si bien es cierto que no es fácil aventurar un modelo que solucione rápidamente todos los problemas que el mal llamado desarrollo agrícola ha venido generando, sí parece que viene siendo necesaria una profunda reforma agroecológica que contemple elementos clave en la relación tradicional del ser humano con la tierra, y nos aleje de la mercantilización de la supervivencia de la especie. En esta línea debemos apuntar hacia la recuperación del saber indígena y campesino, entendido como un saber local, colectivo y que se basa en un diálogo natural y social y no en un saber estrictamente científico, aséptico y estandarizado. Es por tanto la hora de plantearse hasta qué punto la ausencia de lo sagrado, la desconexión de la vida y la falta de respeto y reconocimiento hacia la naturaleza que la sostiene, está marcando nuestro camino como civilización y nos está alejando de nuestra capacidad innata de supervivencia, en la medida en que las construcciones racionales (entre ellas todas aquellas sobre las que se basa el cientificismo económico) se convierten en un fin en sí mismo.

Pero si recuperamos el objetivo original de la economía, centrado en la satisfacción de las necesidades humanas, y no en lograr el máximo beneficio privado, comenzaremos a transitar por una senda en la que deban revisarse obligatoriamente conceptos como producción, consumo, etc. Si recuperamos la consideración del ser humano como especie habitante del medio natural y no como un conjunto de “actores económicos” exclusivamente, no tardaremos en buscar una mayor conexión con el entorno y pretender formas de organización y de hábitat más coherentes con los recursos reales con que contamos. Para ello es imprescindible actuar a pequeña escala, a nivel local, comunitario, en una integración con el medio ambiente, y con sentido de hermandad para con las otras criaturas del mundo.

Debemos tener un sentido del respeto y del límite, permanecer a una escala que no domine al medio ambiente, mantener el sentido colectivo. En este sentido, y partiendo de la base de que la transformación pasa por la modificación de nuestra conducta individual, la apuesta colectiva por desarrollar alternativas de alimentación más responsable con el entorno natural y social así como por favorecer la toma de conciencia respecto al alcance de nuestros hábitos de consumo representa un pilar fundamental sobre el que construir el nuevo camino.

Fuente:www.ecoportal.net

 



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Opinión
Historia sesgada y falsa celebración

Por George Chaya (*)

Todos los 25 de mayo son celebrados en Líbano desde el año 2000 como un día llamado de la "resistencia y liberación". Lo cierto es que la celebración conmemora un evento falso y los actos de heroísmo que se pretende para con "los resistentes" en realidad jamás han sucedido.Los hechos reales indican que el 22 de mayo de 2000 el ejército israelí se retiró unilateralmente de la zona de seguridad en el sur del Líbano en conformidad con la resolución 425 del CSONU y por razones exclusivamente internas israelíes. He manifestado siempre que tal retirada debía realizarse, pero la forma de llevarla a cabo del ex PM Ehud Barakfue fatal para Israel y (como señale en su tiempo que sucedería) dio lugar al fortalecimiento del terrorismo y las calamidades de la guerra del verano del 2006.



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Opinión 2
Irán: Anatomía de una sociedad desesperada

Por Avi Melamed (*)

El régimen que llegó al poder tenía previsto que la República Islámica de Irán se convierta en un faro de progreso, prosperidad y logros. En su visión “La República Islámica de Irán” sería la prueba definitiva de la superioridad moral y práctica del Islam (mayormente del Islam Shiíta). Sin embargo, la visión es una cosa y la realidad otra distinta…Más de 30 años después de la Revolución, la sociedad iraní en 2012 está devastada y desesperada. Irán es una nación de 75 millones de personas. La sociedad iraní está compuesta por diferentes religiones y etnias: Shiitas, Sunitas, Persas, Hazaris, Balochs, Uzbekos, Turkmenos, Cristianos, Kurdos, Judíos y otros. La abrumadora mayoría de iraníes son jóvenes que nacieron después de la Revolución. 35 millones de iraníes son menores de veinte años.



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