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Por Ruben Kaplan (*)
La admisión por parte de terroristas chechenios, de haber provocado el atentado contra el tren ruso de pasajeros Nevski Express el viernes pasado, cerca de la ciudad de Uglovka, a unos 400 kilómetros al noroeste de Moscú, Rusia, donde murieron, al menos, 26 personas y resultaron heridas decenas más, pone de manifiesto que, por la irrupción del Islam radical y la naturaleza expansionista de sus seguidores, Chechenia, más allá de la aspiración de ser una república independiente, se convirtió en uno de los centros mundiales de la Jihad islámica.
El ataque al Nevski fue el segundo en dos años a la línea de ferrocarril, que es popular entre los funcionarios públicos y empresarios. Una explosión en 2007, causó decenas de heridos, pero no mató a nadie. Dos arrestos fueron hechos en relación con ese ataque, pero el principal sospechoso, el ex militar Pavel Kosolapov al que medios de comunicación rusos vinculan por la responsabilidad de ambos atentados, está fugitivo.
Antes de la reivindicación del brutal ataque terrorista por parte del autodenominado grupo “Mujahidines del Cáucaso”, liderado por el Emir del “Emirato del Cáucaso” Doku Umarov, había indicios muy fuertes de la responsabilidad en el hecho, de los rebeldes chechenios. Umarov, es considerado la cabeza de una red de células separatistas que a través de Rusia y usufructuando la mayoría musulmana en la región volátil del Cáucaso del Norte, luchan por liberarse del yugo de Moscú. Los sediciosos, son acusados de perpetrar ataques regulares a los funcionarios de aplicación de la ley en cinco repúblicas de la región autónoma, después de dos sangrientas guerras separatistas en Chechenia.
La conexión entre el terrorismo internacional y el ”Movimiento por la Independencia en Chechenia” es sustancial e indubitable, aunque negligentemente ignorada por Occidente, que supone que es un problema lejano y circunscripto a Rusia. La realidad demuestra lo contrario. Los extremistas islámicos y sus tácticas de terror han sido un factor central en el Cáucaso, más de una década atrás. Desde Irak hacia Afganistán y de Londres a Moscú.
El proceso de islamización chechenio comenzó en la década de 1990 cuando un número significativo de combatientes árabes se unió a la lucha de los musulmanes en Chechenia, que trataban de lograr la independencia de la Federación de Rusia. En ese momento, el sufismo moderado que predominaba en el país, basado en cuestiones del espíritu, la purificación del alma, la interpretación interior de los preceptos islámicos, dedicado a las cuestiones del espíritu, la purificación del alma, a la interpretación interior de los preceptos islámicos, e inclusive a la metafísica, dio paso al severo y extremista wahhabismo. Con dinero proveniente de países como Arabia Saudita, Pakistán y Afganistán se pagó a los que se convirtieron al wahhabismo y se reclutó a otros para unirse a la secta militante que propugna que los árabes deben seguir haciendo la guerra santa hasta liberar al mundo de los infieles y continuar hasta que todos los cristianos se conviertan al Islam.
Leon Aron, el director de estudios de Rusia en el American Enterprise Institute, cree que los militantes islámicos extranjeros han impulsado gran parte de la violencia en el Cáucaso y "secuestrado Chechenia en su lucha por la independencia “. Sustentando esa afirmación, se sabe que muchos fundamentalistas islámicos, que tienen una historia de terrorismo internacional se han involucrado en el conflicto chechenio. El principal lugarteniente de Osama bin Laden, Ayman al-Zawahiri, intentó establecer una base para terroristas islámicos en Chechenia en 1996. En 1999, se estimaba que al menos 100 miembros de Al Qaeda se unieron a los chechenios en el Cáucaso. Es imprescindible en la referencia del terror, nombrar a Shamil Basáyev, nacido el 14 de enero de 1965 en el pueblo de Vedenó, Chechenia, quien fue el jefe militar de la guerrilla chechena durante la última década del siglo XX y los primeros años del siglo XXI. Basáyev, fue considerado un shahid (mártir) dispuesto a inmolarse en atentados suicidas en todo el territorio de la Federación. Él se autoproclamó Imán y profesó el Islam más rígido, el wahhabismo, la secta religiosa fundamentalista musulmana sunita, y su premisa declarada era llevar la guerra local allende sus fronteras y expandir la Jihad fuera del Cáucaso.
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