La realidad, a veces, puede superar la peor de las pesadillas.Eso define el complejo escenario en que fue convocada, por el Presidente estadounidense, Barack Obama, la Cumbre de Seguridad Nuclear. ¿Desatarán los terroristas un ataque con armas nucleares? ¿Escogerán como objetivos a las centrales nucleares? Después del atentado del 11 de septiembre de 2001 en EEUU estas preguntas han dejado de ser meras hipótesis alarmistas, para convertirse en amenazas reales para Estados Unidos y para algunos otros países.
Precisamente, uno de los temas principales de la Cumbre de Seguridad Nuclear de Washington radica en cómo controlar con mayor eficacia y seguridad los materiales e instalaciones nucleares frente al terrorismo.
El Convenio Internacional para Prevenir Actos Terroristas Nucleares, aprobado por la ONU en 2005, clasifica los actos terroristas nucleares en tres categorías. Primero, posesión de materiales radiactivos o instalaciones nucleares con el fin de afectar la vida humana, las propiedades y el medio ambiente. Segundo, con los mismos fines, usar materiales radiactivos e instalaciones nucleares o destruir las instalaciones nucleares. Tercero, para alcanzar estos fines, amenazar con el uso o afirmar que se poseen materiales radiactivos e instalaciones nucleares.Desde el punto de vista tecnológico, no es complicado fabricar armas nucleares sencillas. Actualmente hay en todo el mundo unas 2100 toneladas de materiales para fabricar armas nucleares. Esto incluye 1600 toneladas de uranio enriquecido y 500 toneladas de plutonio, cantidades suficientes para fabricar 120.000 bombas nucleares. Una bomba nuclear tiene el tamaño de un portafolio común.
Los materiales fisionables se encuentran en algunos sitios inesperados: en las plantas de energía de los rompehielos rusos y submarinos atómicos estadounidenses, en reactores de investigación universitaria, en depósitos dentro del sistema de energía nuclear japonés. Y cientos de toneladas están en ojivas nucleares emplazadas o en desuso en Estados Unidos y Rusia.
El tonelaje se acumuló durante la Guerra Fría, cuando Estados Unidos y Rusia rivalizaban en producir estos metales exóticos e incluso donaron parte a naciones amigas para sus reactores de investigación.
Esa rivalidad ha quedado atrás, pero su legado fisionable persiste. Ahora el mundo se preocupa menos sobre la posibilidad de un apocalipsis a causa de las grandes potencias que por las aspiraciones nucleares de grupos terroristas como al-Qaida y otros.
Es mucho más fácil fabricar una bomba sucia que otra verdadera. Con los residuos nucleares, materiales nucleares y otros materiales no nucleares pero radiactivos que han sustraído, los terroristas pueden envolver una bomba común. Cuando ésta explota, disemina materiales radiactivos, causando bajas en un determinado grado y destruyendo la seguridad y la estabilidad sociales de un país.
Para prevenir el terrorismo nuclear, es necesario en primer lugar prevenir que los terroristas tengan acceso a los materiales y tecnología nucleares. Aunque por el momento no se ha descubierto que las organizaciones terroristas hayan obtenido materiales nucleares, no se puede pasar por alto esta posibilidad.
La agencia internacional de energía atómica revela que, a partir de 1993 se han descubierto más de 800 casos de contrabando de materiales nucleares. Conforme se complica la situación de la seguridad internacional, es cada vez más grave el riesgo de que los terroristas y organizaciones criminales transfronterizas tengan acceso a estos materiales, los vendan y trafiquen con ellos, y hasta provoquen casos de terrorismo nuclear.
En la actualidad, más de 100 países han firmado el Convención Internacional de la ONU para Prevenir Actos Terroristas Nucleares. Pero, como consecuencia de la subida de los precios de los energéticos en los últimos años, muchos países han acelerado el desarrollo de la generación de electricidad a base de la energía nuclear. Es aún más amplia la demanda de los materiales nucleares y su investigación. Esta situación plantea nuevas exigencias al mundo en materia de la seguridad nuclear.
La comunidad internacional espera ampliamente que la Cumbre de Seguridad Nuclear de Washington pueda llegar a un consenso para golpear al contrabando nuclear, disuada y descubra los planes terroristas e impida el acceso de los terroristas a materiales nucleares. Y sobre esta base se establezca un mecanismo de control eficaz y regularizado.
China fue uno de los primeros países que firmaron el Convenio Internacional para Prevenir Actos Terroristas Nucleares. Siempre confiere importancia a la seguridad nuclear, se opone decididamente a la proliferación y al terrorismo nuclear, y apoya la cooperación de la comunidad internacional para fortalecer la seguridad nuclear. En los últimos años, ha potenciado la administración de sus materiales nucleares y sus instalaciones nucleares, configurando un sistema de riguroso control al respecto. Su sistema de seguridad nuclear se puede calificar de altamente confiable.
Al igual que otros países, China enfrenta la amenaza del terrorismo nuclear. Para China, la cooperación internacional contra el terrorismo nuclear supone la defensa conjunta a la vez que la autodefensa. China espera forjar, a través de una cooperación internacional más estrecha, un ambiente más pacífico y más estable.
Egipto anunció nueva legislación para penalizar el tráfico de bienes nucleares y Malasia una ley para ajustar los controles a la exportación en una nación notoria como punto de tránsito clandestino de tecnología nuclear.
Ucrania, México y otros países prometieron ceder su uranio altamente enriquecido. Y el comunicado final de los participantes apoyó el objetivo de Obama de asegurar todo material nuclear vulnerable dentro de los próximos cuatro años. Lo que se necesita es "un nuevo modo de pensar", dijo Obama a los presidentes y primeros ministros, haciéndose eco de una advertencia profética de los primeros días de la era nuclear.
(*) El autor es periodista. Analista de conflictos internacionales y colaborador de diversos de medios argentinos.