El cambio climático y la destrucción de la biodiversidad siguen siendo los principales peligros que amenazan a la humanidad. Si no modificamos rápidamente el modelo de producción dominante, impuesto por la globalización económica, alcanzaremos el punto de no retorno a partir del cual la vida humana en el planeta dejará poco a poco de ser soportable. Nuestro planeta no dispone de recursos naturales ni energéticos suficientes para que toda la población mundial los use sin freno.
Muchos palestinos en la Margen Occidental y la Franja de Gaza tiene un sueño: trabajar o vivir en Israel. Algunos, incluso, dicen que están dispuestos a pagar grandes sumas de dinero para obtener la ciudadanía israelí.
Otros pagan un montón de dinero a traficantes palestinos y judíos que los ayudan a eludir los puestos de control para entrar en Israel en busca de trabajo y una buena vida.
Estos no son palestinos que se odian a sí mismos. Tampoco son "traidores proisraelíes" que apoyan al movimiento sionista.
Muchos palestinos sienten que ni Fatah ni Hamas han hecho lo suficiente para aliviar su sufrimiento. Muchos líderes de Fatah que robaron miles de millones de dólares de las donaciones internacionales destinadas a los palestinos, han invertido sus fortunas en hoteles, centros turísticos y empresas de bienes raíces en occidente. Hamas, por otra parte, prefiere gastar millones de dólares en la compra [y contrabando] de grandes cantidades de armas, incluyendo cohetes y municiones.
Es una vergüenza para los dictadores árabes y musulmanes, especialmente aquellos que ganan miles de millones de dólares por la venta de petróleo, que sus representados tengan que buscar trabajo y refugio en Israel y Occidente. También es una vergüenza para Fatah y Hamas, el que miles de palestinos no puedan encontrar empleo o una buena vida en los dos estados palestinos en la Margen Occidental y la Franja de Gaza.
Los regímenes árabes e islámicos están gastando miles de millones de dólares en la construcción de nuevas mezquitas y madrasas, mientras que casi la mitad de su población es analfabeta y vive bajo la línea de pobreza. Los graduados universitarios en esos países se ven obligados a buscar trabajo en occidente debido a las malas condiciones de trabajo y la falta de oportunidades.
La ausencia de un buen gobierno, de transparencia, de rendición de cuentas y de democracia, en estos países, está llevando a los árabes y musulmanes a buscar trabajo y una vida mejor, no sólo en América del Norte y Europa, sino incluso en lugares como Israel.
Un árabe rico prefiere gastar millones de dólares en un zoológico privado que en la construcción de un hospital o una universidad. ¿Por qué habría de hacerlo, cuando él y los miembros de su familia podrían viajar en cualquier momento que deseen para recibir tratamiento médico en la Clínica Mayo o estudiar en la Universidad de Harvard?
En muchos sentidos, estos palestinos no son diferentes de los inmigrantes africanos que tratan de infiltrarse en Israel, todos los días, a través de Egipto. Los inmigrantes proceden de Sudán, Etiopía, Eritrea, Nigeria y otros países africanos.
Al igual que los palestinos, los africanos están dispuestos a pagar un montón de dinero para entrar a Israel. Los traficantes egipcios cobran hasta 1.000 dólares por cada inmigrante.
Pero para los inmigrantes africanos, el viaje es también muy peligroso. En los últimos tres años, guardias fronterizos egipcios les han disparado y matado a decenas de hombres y mujeres africanos que intentaban cruzar la frontera con Israel.
La semana pasada un hombre sudanés de 23 años de edad, fue baleado fatalmente por las tropas egipcias, mientras trataba de entrar en Israel. Otros cuatro buscadores de asilo fueron detenidos.
Mientras que los egipcios están matando a los inmigrantes africanos, Israel les está proporcionando, a los afortunados que consiguen cruzar la frontera, puestos de trabajo, así como también servicios médicos y sociales.
Es cierto, Israel no es 100 por ciento perfecto. Pero un africano musulmán o cristiano, sigue prefiriendo a Israel que a países como Egipto, Jordania, Siria, Arabia Saudita e Irán. Como explicó un "refugiado" de Darfur, Sudán, que ahora vive en Tel Aviv: "Me siento más seguro en el estado judío que en Sudán o en cualquier país árabe o islámico".
Para muchos palestinos, es más fácil encontrar un trabajo en Israel y Canadá que en cualquier país árabe o islámico, la mayoría de los cuales les imponen estrictas restricciones para viajar y trabajar. Los palestinos no pueden entrar a la mayoría de los países árabes e islámicos sin una visa.
Se puede entender por qué un palestino necesita un visado para ingresar a EEUU o a cualquier país europeo. Pero ¿por qué necesita un palestino una visa para visitar a sus parientes en Siria, Líbano y Egipto?
Muchos palestinos de la Margen Occidental que visitan países árabes, frecuentemente se encuentran arrojados en centros de detención durante semanas, meses y años, sin juicio. Cientos, si no miles, de palestinos se cree que languidecen en cárceles por todo el mundo árabe, especialmente en Siria y Egipto.
(*) El autor es periodista. De origen árabe y musulmán es uno de los más respetados profesionales que cubren la realidad de la causa palestina en los últimos 30 años. Consultor de diversos medios informativos de EEUU y Europa, es productor de noticias de NBC desde 1989.
Mahmoud Abu Rahma es, quizás, uno de los más valientes palestinos en la Franja de Gaza. Debido a su valentía, ha recibido varias puñaladas en distintas partes de su cuerpo. Ésto es lo que sucede bajo los gobiernos de Hamas y de la Autoridad Palestina, dominada por Fatah, a cualquiera que se atreva a hablar en contra de la tortura, los ataques a civiles inocentes y la libertad de expresión.
El “crimen” de Abu Rahma es que se atrevió a publicar un artículo criticando fuertemente a los grupos armados palestinos, así como también a los gobiernos de Hamas y la Autoridad Palestina, por violaciones a los derechos humanos y el uso de civiles como escudos humanos en la guerra contra Israel.
El incesante reclutamiento de niños por parte de jihadistas islámicos para utilizarlos como atacantes suicidas, además de constituir una aberración y demostrar un total desprecio por la vida, evidencia la crueldad y protervia de muchos creyentes de la “religión de la paz”. Un artículo publicado el día 13 de enero por Ben Farmer en el diario británico The Daily Telegraph, reprodujo el testimonio de Abdul Samat, un niño pakistaní de casi 13 años, que relató cómo fue objeto por parte de sus adoctrinadores de un lavado de cerebro y vilmente engañado, para ejecutar un atentado terrorista suicida contra tropas norteamericanas en Afganistán, en el que él sobreviviría y saldría ileso de la explosión y sólo morirían los infieles.