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Condenan a Cecilia Pando por agraviar la memoria de los desparecidos Imprimir E-Mail
viernes, 08 de marzo de 2013 a las 16:34

La apologista del genocidio Cecilia Pando fue condenada ayer por el delito de daño agravado, por haber cubierto con crespones negros los pañuelos blancos que rodean la Pirámide de Mayo en homenaje a las Madres. Pando intentó negar los hechos, documentados en un video que se expuso ayer durante la audiencia, y pretendió escudarse en su ignorancia: “No sabía que era un sitio histórico”, dijo.

El juez porteño Guillermo Eduardo Hugo Morrosi, titular del Juzgado en lo Penal, Contravencional y de Faltas Nº 13, la condenó a la pena de cinco meses de prisión en suspenso y a cumplir treinta horas de trabajo comunitario, aunque no informó en qué institución. “Estamos conformes con la sentencia”, declaró Carlos Pisoni, el miembro de H.I.J.O.S. Capital que presentó la denuncia en 2009. “Creemos que puede servirle, a Pando y al grupúsculo que la acompaña, para que recapaciten en torno al odio y a la violencia que emanan en sus actividades y para que no hagan más este tipo de actos que intentan agraviar a las Madres y a los organismos de derechos humanos”, reflexionó.

Entre 2006 y 2009, el primer martes de cada mes, Pando pintó el sector que rodea a la Pirámide a la cabeza de la denominada “Asociación de Familiares y Amigos de los Presos Políticos de la República Argentina”, como llama a los militares, policías y demás represores procesados y/o condenados por crímenes de lesa humanidad. A mediados de 2009, con un video como prueba, Pisoni la denunció por apología del delito, actitudes intimidatorias y daño agravado, ya que la pirámide fue declarada patrimonio histórico por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.

Pando rechazó la posibilidad de una probation y ayer por la mañana se presentó a la audiencia, oral y pública, acompañada por su abogado Oscar Vigliani, el blogger Horacio Palma (“Escribidor contumaz de cosas sin importancia”, según su propia definición), el teniente coronel Emilio Nanni y un puñado de señoras de militares a quienes suele acompañar a los juicios de Comodoro Py. “A las Madres de Plaza de Mayo no les toqué ni un solo pañuelo”, se atajó ante la prensa. “Yo no sabía que era un sitio histórico. En todo caso le tengo que pedir disculpas a la Justicia”, agregó, pese a que la declaración como sitio histórico fue obra de la Legislatura. “Siempre hablo de que respetamos el dolor de las Madres”, dijo con la misma liviandad con que intenta desde hace años ensuciar a los organismos de derechos humanos. Luego apeló a la hipótesis del loco suelto: “Siempre hay algún sacado que dice ‘pintemos el pañuelo’, y yo digo ‘no, no lo voy a aceptar porque forma parte de la historia, y tenemos que contarla toda y mirar hacia adelante’”.

A la pequeña sala de audiencias sólo pudieron entrar ocho personas. Afuera quedó una numerosa delegación de H.I.J.O.S. A Taty Almeida, de Madres, le tocó sentarse junto a Nanni. En primer turno, Pisoni relató los hechos, mostró el video de mayo de 2009 –en el que, además de embadurnar la Plaza, Pando dio un discurso contra Madres y Abuelas– y respondió preguntas de la fiscal Silvina Bruno. Entonces llegó el turno de Pando y su abogado, quien se mostró ofuscado por la remera de Pisoni & Cía. con la leyenda “Los pañuelos no se manchan”.

El argumento de la defensa fue que no se hicieron pintadas sobre los pañuelos, sino en los costados. La respuesta de la acusación: todo el sector que rodea a la pirámide es un sitio histórico. Al hacer uso de sus últimas palabras, Pando habló de “persecución política”, dijo que no tenía nada contra las Madres, que respetaba su dolor, que no sabía que la plaza era un sitio histórico y, ante la posibilidad de que le pudieran aplicar la máxima pena prevista para el daño agravado (cuatro años de prisión), recordó que es madre de siete hijos, que tiene un auto modelo 1998, que es docente y vive con 15 mil pesos.

La fiscal Bruno pidió para Pando una pena de seis meses de prisión (el Código Penal prevé de tres meses a cuatro años) y luego el juez Morrosi pasó a un cuarto intermedio hasta las 16. “Al agraviar los pañuelos se agravia a lo que representan, que son los 30 mil detenidos desaparecidos”, apuntó en el cuarto intermedio Taty Almeida. “Este es otro de los tantos juicios que se pueden realizar gracias a la política de Estado sobre los derechos humanos”, destacó, acompañada por su compañera Aurora Belloquio, la abuela de Pisoni, actual representante de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación en el Espacio Memoria y Derechos Humanos que funciona en la ex ESMA. “No sé si alcanza con un pedido de disculpas”, dijo a su turno Pisoni. “(Pando) es una mujer que habla de muerte en sus discursos; lo que alcanzaría sería que no defienda a los genocidas”, agregó.



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