Está claro que la agricultura argentina modernizada es veneno-dependiente. No puede prosperar sin envenenar en derredor. Y lo hace con efectos atroces sobre microfauna y flora, pero también sobre seres vivos mayores. Algunos concientizados de último momento están empezando a descubrir que el planeta no está del todo bien con tanto desarrollo, que los mares están exhaustos con tamaño progreso técnico en pesquería, que los campos, como las aguas, el aire, rebosan de elementos cancerígenos y mutágenos que están trastornando toda la biosfera, sin excepción. Y que, nosotros, “dueños del universo”, hasta nosotros, ¡quién iba a decir!, estamos incluidos.Si analizamos la situación de una de las principales producciones de la Argentina actual, la soja transgénica, dueña de los campos de buena parte de sus provincias, hay motivos para alegrarse.
En las "cowboyadas" (como llamábamos en Lima hace décadas a las películas de cowboys, (vaqueros), donde actuaban Gene Autry, Roy Rogers, John Wayne, Clint Eastwood, y tantos otros), era fácil diferenciar entre los "buenos" y los "malos". Bastaba ver el color de sus sombreros. Los sombreros de los "buenos" eran blancos, y los de los "malos" eran negros. Hoy, muchos televidentes en Europa, y también en otros países, al ver los programas de noticias, saben diferenciar entre los "buenos" ―que usan la kefiyeh, bufanda-chal que los palestinos se colocan sobre la cabeza― y los "malos", que llevan kipá sobre la cabeza, o van con la cabeza descubierta.
La trama de las "cowboyadas", ―siempre era la misma: un grupo de malhechores se apodera de las tierras de gente inocente, hasta que llega el "bueno", que los vence y los mata o expulsa― es idéntica a la trama de las noticias manipuladas que muestran hoy en la televisión: los israelíes son desalmados invasores y colonizadores que se han apoderado de las tierras de inocentes palestinos.
No iba a escribir sobre la propuesta de construir una mezquita cerca de la "Zona Cero", donde se erguían los rascacielos destruidos en el trágico 11 de septiembre, porque pensé que ya se ha dicho todo lo que tenía que decirse al respecto. Sin embargo, a veces, una frase corta es suficiente para dar una perspectiva nueva a un debate público. Hace unos días escuché una que me hizo estremecer, pero la dejaré para el final. Los defensores de la propuesta de construir el Centro Islámico a dos cuadras del sitio donde los terroristas árabes cometieron su acto criminal, sostienen que el proyecto está patrocinado por una facción tolerante y liberal del Islam y que su propósito es promover el entendimiento multicultural y multirreligioso.